Un anciano miraba el cielo, sentado en la banca de una plaza tranquila. A su alrededor paseaban familias, niños con sus mascotas, un hombre vendía manzanas confitadas a unas niñas que luego corrían rápidamente por el pasto. Una mujer miraba insistentemente su reloj, arreglaba su pelo, hacía dibujos invisibles con sus pies en el suelo y volvía a consultar la hora.
Podía escucharse el sonido de las hojas contra el viento y los niños en sus juegos inocentes. La mujer miraba el suelo . El anciano la miraba intrigado. En ese momento apareció un joven, la mujer levantó su cabeza y sonrió. Con nostalgia el anciano miró a la pareja, dejó caer una lágrima, miro al cielo y siguió su camino, ahora, sólo.
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