
Veo tu ojos en los míos
y tus manos temblorosas
evitando el sobresalto.
Callo, espero que digas algo,
solo una burda palabra me basta
para calmar estos labios.
Río, aunque irónicamente,
casi sólo por nerviosismo
y por no poder llorar.
Y es que cada vez que te acercas
mi mundo se distorciona y muta.
Se crean colores y formas,
tiemblo sutilmente.
¡Me siento tan tonta!
Solo quiero entender que pasa con nosotros
que si nos acercamos no bastan palabras
y nos tomamos las manos.
Si me miras desespero,
solo quiero salir corriendo.
Me siento como una niña ansiosa,
pero no creo que entiendas eso.
Trato de explicar de una y mil formas
que todo es tan complejo.
Y ruego tener la fuerza para poder quedarme contigo,
para lograr soportarme a mí misma estando a tu lado,
es todo tan extraño.
Cuento las horas para verte
y cuando llegas siento cómo me alejo,
no lo entiendo.
Sigo siendo ilusa, ingenua e inmadura
y es como si no supiera qué hacer si estas cerca
pero te necesito.
Y es que si no estas conmigo
siento como se escapa el aire,
veo mi mundo más solo de lo que estuvo antes.
Que nunca me faltes...
Y solo necesito entender todo esto,
asimilar cómo mi mundo se vuelve perfecto.
Ansío tus besos
y tus manos en mi cintura cada tarde.
Que hables o calles poco importa.
Que sueñes y hagas será igual.
Sé que no quiero despertar,
porque entre pasos vagos, distantes y cansados
he podido llegar.
Estoy en una alta nube,
en el cielo más lejano contigo
y no quiero bajar.